2020 fue el año
en que cumplí los 18. Entonces la moda era hacer una fiesta sorpresa para
celebrar la mayoría de edad (y no lo que hacéis vosotros). Yo tuve la mía.
Era el mes de
enero. Por aquellos días se empezaba a escuchar por televisión y radio que en
una ciudad de China un virus se cobraba la vida de muchas personas, pero aquí
no le dábamos importancia. Sin embargo, poco a poco, muchos países comenzaban a
denunciar casos y en los aeropuertos se negaba la entrada a los extranjeros que
hubieran viajado a China.
Llegado el mes de
marzo, se celebró una numerosa manifestación en Madrid por el día Internacional
de la mujer y en Valencia ya estábamos de lleno en las fallas y se disparaba la
mascletá cada día a las 14h. Sin embargo, el Covid 19, así llamaron al virus,
llenaba cada vez más espacio en todos los telediarios, noticias y
conversaciones de calle.
De pronto, todo
cambió. Pocos días después el gobierno decretó el estado de alarma. Nadie sabía
bien qué significaba aquello, la abuela tampoco. El caso es que nos confinamos
todos en casa. Primero 15 días, después otros 15 días y después otros 15. Sólo
podíamos salir a la calle para comprar alimentos y pasear al perro. Las tiendas
de ropa, talleres, peluquerías y todos los negocios no esenciales, estaban
cerrados. Era una situación muy extraña….
Pero estábamos
ante una pandemia porque la enfermedad se contagiaba con mucha rapidez. Decían
que cada persona enferma podía llegar a infectar a otras siete personas.
A mi edad me
falla la memoria, pero creo recordar que en España se contagiaron más de
200.000 personas y murieron más de 20.000.
Las cifras a
nivel de todo el mundo eran desoladoras.
Nosotros fuimos
afortunados. El único que enfermó fue uno de mis tíos, el hermano mayor de mi padre,
pero, aunque tuvo que estar muchos días en el hospital, se recuperó sin
secuelas.
Aquel año yo
estudiaba segundo de bachillerato y era el último curso antes de entrar a la
Universidad. En aquel entonces teníamos que hacer un examen de acceso que se
llamaba PAU y que preparábamos durante dos años. Obtener una buena puntuación
era importante para los estudiantes de mi época porque nos permitía estudiar lo
que quisiéramos.
La crisis del
Covid-19 nos generó una incertidumbre muy grande. ¿Qué pasaría con el examen?
¿Cómo y cuándo lo haríamos?...
Al principio no
llegaban noticias. Nadie sabía nada. Se hablaba únicamente de la salud, de
salvar vidas, de la saturación de los hospitales, del número de muertos y de
encontrar una vacuna pero a través del teléfono móvil podía hablar con mis
amigos y compañeros viéndoles la cara por una aplicación, de cuyo nombre no me
acuerdo, y eso me tranquilizaba.
El virus entró en
nuestras vidas para llenarlas completamente. Todo cambió. Los abrazos y los
besos se convirtieron en armas peligrosas, utilizábamos guantes y mascarillas y
nos lavábamos las manos con mucha frecuencia. Nos dimos cuenta de nuestra
fragilidad.
En mi casa se
vivió con serenidad. Tu bisabuelo trabajaba en el sector de la alimentación y
tuvo que continuar trabajando para garantizar el abastecimiento. El caso de la
bisabuela fue distinto. Para ella llegó el teletrabajo, ese fue el inicio de
como trabajáis hoy vosotros. Era empleada de banca y estaba una semana en casa
y otra en la oficina; en aquellos tiempos los bancos tenían oficinas abiertas
al público. Mi hermano y yo continuamos con nuestros estudios como pudimos.
Colegios y universidades no estaban preparados para la enseñanza a distancia y
tampoco todas las familias disponían de medios digitales, pero yo tuve suerte. Pude
continuar con mis clases desde casa porque estudiaba en un colegio avanzado en
lo que entonces llamábamos “nuevas tecnologías”.
Tengo que
confesarte que algo se ganó. Las familias nos unimos; todos colaborábamos en
las tareas, teníamos tiempo para leer o ver una película juntos, cocinábamos y
hacíamos ejercicio….
Recuerdo
especialmente que todos los días, a las 8h de la tarde, salíamos a los balcones
a aplaudir a aquellas personas que estaban al servicio de la sociedad,
especialmente al personal sanitario que cuidaba a los enfermos. Aquel aplauso
nos hacía sentir que todo iría bien.
A mediados del
mes de mayo, empezaron a dejar salir, primero a los niños, después a los
deportistas, luego fueron abriendo algunos negocios, después otros. No volvió
la normalidad hasta muchos meses después; francamente, creo que ya nada volvió
a ser como antes….
A nivel económico,
aquello había afectado también a muchas personas. Otro duro golpe del que
también costó recuperarse. De eso hablaban mucho mis padres, pero yo no
prestaba demasiada atención, mis preocupaciones eran otras.
Por fin pudimos hacer
el examen en julio. Lo pusieron fácil. Decían que todos debíamos tener las
mismas oportunidades. Lo aprobé con buena nota y he sido feliz en mi trabajo.
Por todo esto que
así fue, recuerda que nada es tan importante como parece. Todo puede cambiar
cuando no lo esperes. Te pido que muestres respeto por el trabajo de los demás
siempre; de repente, puede ser el más importante. Abraza a la gente que quieres
y no renuncies a decirles cuánto los quieres porque nunca sabes cuándo va a ser
la última vez que puedas hacerlo.
Sara B.
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